viernes, 4 de septiembre de 2009
un pequeño estrés...
Un miércoles tarde. Sales del trabajo y te tomas unas cañas. Después te despides y te vas a la estación para coger el tren a casa y es cuando te das cuenta de que quizá habría sido mejor ir al baño antes de salir del bar. Entras en el andén y anuncian 4 minutos de espera. Estupendo. De momento la cosa no es grave, así que a leer. Llegas después al metro. Otros 8 minutos de espera. Das gracias porque tu hermana te llama por teléfono y puedes pasear nerviosamente sin que se note el verdadero motivo. Aún queda un transbordo: increíble, 6 minutos más. Te darías fuerte por tonta. Tienes un problema ya serio. Cuando llegas y empiezas a andar se suaviza la cosa, pero ya andas a buena velocidad y respirando hondo. Podrías pararte en alguna parte, pero ya estás cerca. Lo peor llega cuando alcanzas el ascensor, que tu cuerpo asimila la cercanía del alivio, que cuando por fin se produce, crees que es la mayor relajación que has experimentado nunca.
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